FRENTE A APOCALÍPTICOS E INTEGRADOS: EVOLUCIÓN

Ramiro Aurín

En una cultura como la contemporánea donde todo lo que quiera ser precisa de un escenario, no debe extrañar la existencia del Día Mundial del Medio Ambiente, la del Día de la Tierra y la del Día de la Naturaleza. Podría pensarse en confusión, máxime en un año como éste en el que el país anfitrión es Angola y el tema “la lucha por la vida salvaje”. Pero en realidad se trata de teatros complementarios donde a menudo se interpretan las mismas obras por los mismos actores, lo que es un mensaje legible de cómo está cambiando nuestra conciencia con respecto a todo lo que no somos nosotros. Pero mientras al hablar de Tierra o Naturaleza, de alguna forma nos ponemos ex-machina, al hablar de Medio Ambiente asumimos que nuestra relación de dependencia es implícita y por lo tanto mucho más compleja e inextrincable, ya sea desde el conocimiento o desde la moral.

Así pues es incontestable que el cambio climático tiene su speakers’corner en el Día Mundial del Medio Ambiente.

LIBERTAD E INCERTIDUMBRE

Empezando por el principio, el título de este artículo es, obviamente, un homenaje a Umberto Eco, ese lector de signos y significados, que como un Heisenberg o un Gödel cualesquiera, nos regaló la libertad de la incertidumbre de los significados, porque también estos evolucionan con las conciencias, e incluso en un mismo instante son fluctuantes. Porque de significados y conciencias vamos a hablar.

"Las expresiones 'negacionista' y 'radical' se han convertido en las dos caras de la moneda"

En el discurso público y global que se abre en Rio en 1992, y que tiene su último hito datado el pasado diciembre en París, sobre el cambio climático provocado por la actividad del hombre, y sus consecuencias a corto, medio y largo plazo, se han ido acuñando hasta convertirse en las dos caras de la misma moneda, las expresiones negacionistas y radicales, para nombrar a los que niegan la responsabilidad de la humanidad en el incremento de temperatura, y en el otro extremo, a los que todo intento posible de solución sin la destrucción del actual modelo productivo, les parece ridículo e insuficiente.

NEGACIONISTAS Y RADICALES

Con el paso de las discusiones, ambos se han manifestado como negacionistas y radicales: niegan la realidad, la científica unos y la global (económica y social) los otros, y se radicalizan porque la razón no tiene silla en la mesa, movidos unos por la codicia y otros por el narcisismo, y ambos por la pereza frente al trabajo descomunal que en todos los órdenes hay que realizar para que el calentamiento global afecte a nuestra especie lo menos posible, pero desde la humildad de nuestras capacidades.

Por eso me parece que caben mejor en las categorías de Eco, Apocalípticos e Integrados.

Que el fin del mundo no nos pille trabajando, como al artista la inspiración, sino diciendo cuánta razón teníamos, o en el otro extremo, qué culpa tengo yo de nada, me voy a ver el partido y si pasa algo “ya llamarán”, que de algo hay que morirse.

Pero el fruto de la ciencia no es el pensamiento apocalíptico, hermano de los sectarios histéricos que se suicidan por miedo al fin del mundo, ni el “desprecio cuanto ignoro”, por miedo al conocimiento, también en fin al cambio, y que nos llevarían a una extinción masiva.

Pero eso no es la realidad si no estados enfermos del alma. En los umbrales catastróficos es cuando se produce la evolución, no en las fases estacionarias, que por otro lado son breves y engañosas, pero dulces a nuestra escala temporal humana, tan cara a los integrados.

No hay vuelta atrás, el futuro será diferente. Hemos de avanzar cuanto sea posible en la mitigación de la producción de gases invernadero, pero sobre todo, porque está muchísimo más en nuestras manos, hemos de avanzar en la concepción y adopción de medidas de adaptación.

EVOLUCIÓN Y PREVALENCIA

Curiosamente el país con más negacionistas, EEUU, es el que más desarrolladas tiene las medidas y los planes de adaptación. La población mundial se convulsiona por cambios que son ridículos comparados con los que resultarían de un frenazo en seco del tren. Nadie lleva cinturón de seguridad ni quiere oír hablar de parón y de ir andando. París 2015 plantea una hoja de ruta para los que ni queremos tirarnos del tren en marcha, ni esperar haciendo crucigramas a que descarrile. Buscamos vías más largas para ir frenando y preparando a las personas.

Evolucionaremos, nuestra conciencia global se expandirá, y prevaleceremos.

Ramiro Aurín és director de
Water Monographies. By UNwater &WCCE

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